En mi opinión, para que en esta tierra haya un verdadero progreso continuado y eficaz sería preciso:
Poner un gran énfasis en que la juventud asuma como valores la educación de calidad y el esfuerzo. Para ser los mejores, muchas veces no es necesario ir a las mejores escuelas o universidades, si bien esto obviamente ayuda, sino poner
el esfuerzo y la voluntad en aprender y querer estar entre los más destacados. Este y no otro debe ser el mejor estímulo y la familia debe fomentar estos valores desde la infancia.
Considerar que nadie nos va a regalar nada, que lo que consigamos va a ser porque nosotros con nuestro esfuerzo y valía lo vamos a conseguir. Aquellos que estén pensando que lo mejor es sacar una oposición y lograr una plaza como funcionarios ya sea en cualquiera de las administraciones, locales, autonómicas o centrales, porque así van a vivir tranquilos con un sueldo para toda la vida, que vayan perdiendo la esperanza, pues la crisis ha puesto de manifiesto lo negativo que es para un país un aumento descontrolado de la función pública y esta vía esta periclitada por muchos años y va a ser difícil que alguna vez se vuelvan a producir unas condiciones similares a las de los pasados años, ya que ha sido ampliamente demostrado que
el bienestar de una sociedad reside en la masa de emprendedores que sean capaces de obtener una producción de bienes y servicios, que logre una mejora real de las condiciones de vida de la sociedad.
Es preciso abandonar desde ya la cultura de las subvenciones, la subvención, en general, origina corrupción y una sociedad corrupta nunca logrará estándares de producción y bienestar de una forma permanente. Los empresarios que con una idea en la cabeza, consideren que el éxito de su proyecto reside en las subvenciones que puedan conseguir, que se olviden de lograr tener empresas rentables y capaces de competir en el ámbito nacional y no digamos ya en el internacional.
Todos los esfuerzos son importantes y todos suman,
los empresarios deben ser innovadores, arriesgados y muy preparados, no importa que se fracase una y otra vez, de cada fracaso sacarán nuevas ideas, nuevas vías, serán más precavidos pero también estarán mejor preparados para afrontar los nuevos retos. Por parte de los empleados no deben olvidar que si una empresa es rentable, su puesto estará garantizado, que hay que poner el esfuerzo personal y lo mejor de ellos mismos para conseguir que su empresa sea viable. Cuando nos olvidamos de esto, fomentamos la desidia o el desinterés por la empresa en la que trabajamos, no formamos equipo para conseguir los objetivos, hacemos del absentismo por cualquier causa una de nuestras características, al final la empresa cerrará o emigrará a otras áreas donde impere un mejor clima laboral, con las tristes secuelas de la pobreza y el desempleo.
Vamos a dejar de lamentarnos por la sociedad que no nos da trabajo o que no nos da medios para poner en marcha nuestras ideas,
vamos a ser positivos y a considerar que solo tendremos lo que nosotros seamos capaces de generar, vamos a dejar de considerar al Estado o a los políticos como la fuente de todos los males: vamos a luchar por una sociedad civil fuerte e innovadora y los políticos que se dediquen a la política y a poner las bases de libertad y de seguridad jurídica que haga posible el desarrollo de las empresas, de los innovadores y de los emprendedores.
Para terminar dos citas: una la clásica de Kennedy, “no esperes lo que la nación puede hacer por ti, sino lo que tu puedes hacer por la nación”, y la otra, parafraseando a Dante pero en sentido contrario, la frase existente en la puerta del infierno: “los que entráis aquí perded toda la esperanza de salir” (cito de memoria, en ambos casos), en nuestro caso sería
los que nacéis aquí o vivís aquí, tenéis toda la esperanza de salir de esta sociedad del paro y la pobreza si cambiáis vuestra mentalidad, os esforzáis y creéis en vosotros mismos. El futuro os espera. No hay predestinación o maldición para esta tierra. El futuro debe ser construido, día a día, por todos nosotros.